siempre_pendientes

no siempre llegamos los primeros, ni somos los mejores pero siempre andamos con la mosca detrás de la oreja

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06/06/2005

En el número 5.6ºA

Felipe se tumba al sol en su terraza sobre los cojines del sofá que se queda totalmente desolado mientras Felipe toma el sol en la terraza. Al mismo tiempo, se escucha a su compañero de piso, protestar porque no tiene donde apoyarse mientras mira el tomate. Felipe sale, con sus pantalones flojos y sus zapatos negros con cordones rojos, unas cuantas veces al día a la terraza para comprobar que sus plantas están en perfecto estado: las riega, las sube al borde del balcón, las baja, las cambia de maceta, las mira tirado en los cojines del sofá…
Felipe es el vecino más famoso del vecindario pues es el que más se asoma a este cuadrilátero rodeado por sus cuatro lados de casas, de vecinos que no se conocen, de historias diferentes pero en el fondo cercanas…
Al lado de Felipe, casi compartiendo terraza, una madre que tiende la ropa y su hijo; un niño de unos tres años que se sube a la ventana como a la grupa de un caballo y a veces grita un poco. Felipe, si está fuera tomando el sol o hablando por teléfono le sonríe al niño como confraternizándose con él para que no se convierta en una amenaza para sus queridas plantas. Encima, vive un grupo peculiar, son estudiantes y amenizan las tardes a golpe de guitarras y cantando canciones de Sabina.
Ya de noche, se comienzan a ver los interiores de las casas, Emilio, el del segundo puerta A, prepara los exámenes tirado en la cama con sábanas de color azul chillón. Un par de pisos más arriba, Manuel plancha una camisa sin camiseta ni nada que cubra su parte superior, está pegado a la ventana y detrás de él, aunque yo no lo puedo ver, está su hijo en la cuna.
Aquí vive mucha gente joven, muchos padres primerizos, muchos hijos inexpertos, muchos estudiantes aprendiendo de la vida, muchos solteros en su piso de solitarios. Como contrapunto, casi el único establecimiento de la zona, un centro de día para mayores. Es como una ironía de la vida que está ahí para recordarnos que el tiempo pasa.

Donde yo vivo

Yo vivo cerca de una vía del tren. Los trenes pasan a todas horas pero yo sólo los escucho por las noches, cuando todo está en silencio, cuando la ciudad duerme pero el tren está más despierto que nunca. Yo duermo, y en mi silencio, a veces oigo el ruido de un motor, de los vagones traqueteando por los raíles. A veces, sueño con los pasajeros que no sueñan, me desvelo con los pasajeros desvelados. Y el ruido que yo escucho tranquilamente en mi habitación, se convierte en un ronroneo continuo para los que están dentro, para los que duermen y para los que están despiertos, para las ausentes y para los presentes, para los que lo escuchan y para los que no lo oyen. Algunas veces, también ocurre que el tren pasa y yo no lo escucho.
Cerca de mi casa hay un puente. Por encima de ese puente pasa un tren y por abajo paso yo. Cuando lo hacemos los dos a la vez, el ruido debajo del puente es ensordecedor, el suelo tiembla un poco y, cuando consigo salir del puente, parece que aparezco en un nuevo mundo y aun puedo sentir la presión en mis oídos.
Algunas veces, sueño con subirme a ese tren, y dormirme y despertarme, pero dentro.
06/06/2005 09:57 Enlace permanente. Tema: A través de la ventana No hay comentarios. Comentar.

Silencio

Pedro, antes de empezar una historia, va de rama en rama hasta que se recorre todos los árboles habidos y por haber. Finalmente, vuelve a poner los pies en la tierra y comienza por fin. Yo ya estaba preparado para esperar. Él está dejando de fumar pero aun llevaba, y aun lleva, la cajeta en el bolsillo. Es por si acaso le entra el mono. Por pura inercia, saca la cajetilla y cuando vuelve a meter la mano en el bolsillo para coger el mechero se da cuenta que ha dejado de fumar, entonces, se limita a ofrecerme un cigarro y yo, como siempre, acepto.
El sol cae a plomo en la terraza de este bar, en una callejuela estrecha perdida entre las muchas venas y arterias de Madrid. El sol era tan pesado que todos nos retorcíamos en las sillas metálicas buscando un pequeño sitio que aun estuviese frío.
Me encanta observar a la gente en el metro, o por la calle, o cuando pasan por la oficina.
Con esas situaciones puedes inventarte más de mil historias pero que sólo interesan a personas como Pedro y como yo.
Cuando se decidió a presentarme a sus personajes yo ya iba por el segundo pitillo. Me aseguró que la historia era cierta, que le había ocurrido a un compañero suyo. Lo hace para no perder la esperanza de que cosas así todavía pueden ocurrir.
La historia no estuvo mal pero me ha contado algunas mejores. Lo mejor vino después, cuando los dos nos quedamos callados mirando a la gente pasar. Poco a poco, el sol fue bajando y el atardecer se hacia agradable. Pedro y yo, continuábamos mudos en la terraza pensando en otra historia que contar. Algunas veces, me gustaría ser uno de los personajes de mis cuentos, aunque sé que siempre acaban mal.
Y desde allí, sentado en esa silla, parece que dominas el mundo, que la gente se mueve a tu antojo y que cada paso, cada mueca, cada suspiro o respiración te pertenecen. Y así, allí sentado va pasando la vida por delante.
Pedro aguanta unos segundos con la mirada perdida hacia un coche rojo aparcado a unos cuantos metros. Yo le pregunto si le gustaría tener uno así, pero lo que quiere realmente es que de él, salga una mujer atenta, bella y le pida que lo vendan y compren un monovolumen, y que tengan muchos niños. Pero esto Pedro no me lo cuenta, sólo me dice que prefiere los coches grandes.
Sentada cerca de nosotros, hay una mujer que seguramente se parece a la que Pedro le gustaría que saliese del coche. Me gustan sus gestos, su forma de abrir el periódico y de pedir el café… Pedro me descubre distraído, mirándola, y me pregunta si quiero una así. Yo me conformo con imaginarme que la tengo pero a Pedro, le hago un gesto con los hombros como si no me importase que sucediera.
Pedro y yo sólo nos conocemos por nuestras historias, por nuestros silencios, pero aun así, nos conocemos a la perfección.
06/06/2005 10:03 Enlace permanente. Tema: Otras historias No hay comentarios. Comentar.




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Junio 2005 | siempre_pendientes
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